EXPERIENCIA BENEFICIARIOS

Maricela Gómez, la joven que esperó 11 años para cumplir un sueño.
Vive en el barrio Robledo, en la ciudad de Medellín con sus dos padres, su hermano y su sobrino y aunque podía sobrevivir al día a día, para Maricela no era suficiente.

Su sueño más grande era tener su propio negocio aunque pudo trabajar como vendedora por 3 años, un día un bajonazo de salud, mareos, vista borrosa, un cosquilleo en las extremidades y un constante dolor de cabeza la dejó en cama por un tiempo. "Todo el día tomaba medicamentos, eran muy fuertes, se los daban a personas bipolares y con trastornos mentales". Con el tiempo, los medicamentos la mantenían en un estado de depresión y sin saber qué le provocaba la cefalea y cómo controlarla.

"Un día dije no más, no sigo más con estos medicamentos, tomé un respiro profundo y confié plenamente en Dios y otros remedios que vi efectivos para tratar mis mareos, mis dolores de cabeza y la baja de peso."
Su familia siempre la ha apoyado en todo y encaminada a mejorar su calidad de vida para enorgullecer a su familia, esta paisa encontró en el programa Au pair la oportunidad perfecta para aprender otro idioma, conocer otra cultura e incluso tener la experiencia de viajar por primera vez en avión y a otro país.




"Yo me enteré de la agencia por una publicidad que vi en internet y me puse a averiguar qué era lo que tenía que hacer. Cuando empecé el proceso aún veía esto como un reto grande, algo que nunca me había imaginado hacer y claro, tenía muchos nervios de lo que iba a pasar". Con el apoyo de su familia y decidida a no dejarse llevar por otros casos que no tuvieron mucho éxito, Maricela empezó a encaminar su sueño hacia otro lado, ya no se veía vendiendo o administrando un negocio, ahora anhelaba algo más allá de Colombia.
"Cuando me enteré de que me iba fue algo sensacional, salté, lloré de felicidad, le di muchísimas gracias a Dios y a la vida por este nuevo comienzo. Tenía el corazón y el estómago revueltos porque era una realidad. Hice todo lo que me dijeron, saqué los papeles, ahorré, todo, yo de verdad no me cambiaba por nadie", cuenta Maricela.

La nostalgia de dejar a su familia y sus emociones se mezclaban con la ilusión de cumplir el sueño que parecía tan lejano y al momento de pisar suelo alemán, sus dudas y sus nervios se fueron y sólo le quedó el futuro que ahora quiere construir.
"Ahora pienso que mientras haya vida, ganas, entrega y esperanza, siempre habrá la oportunidad para emprender y construir poco a poco un futuro diferente. Yo recuerdo a varias niñas que conozco que están en las calles de las comunas y digo: - ellas también podrían estar aquí -".